WASHINGTON (AP) — En un mensaje a una nación estupefacta, el presidente
Barack Obama lamentó el sábado de nuevo la pérdida de los niños y profesores
asesinados en Newtown, Connecticut, y declaró que "cada padre en Estados Unidos
tiene el corazón cargado de dolor". En la imagen se pueden ver las banderas del Monumento Nacional en Washington a mitad.
Al hablar sobre la tragedia por segunda ocasión desde la matanza del viernes,
Obama se compadeció de las familias de las víctimas y dijo que él y su esposa,
Michelle, "estamos haciendo lo que creo que todo padre está haciendo —abrazar a
nuestros hijos lo más fuerte posible y recordarles cuánto les queremos".
Obama habló el sábado en su mensaje semanal por radio e internet. Los
republicanos, que por lo general también dan su mensaje, cedieron su tiempo para
que Obama pudiera hablarle a la nación.
Un hombre que asesinó a su madre en casa mató luego a tiros a 26 personas,
entre ellas 20 niños, en una escuela primaria en Newtown. La madre trabajaba
como profesora, informaron las autoridades. El agresor se suicidó en la
escuela.
"Nuestros corazones están rotos hoy", dijo el presidente. "Estamos tristes
por las familias de aquellos que perdimos. Y oramos por los padres de quienes
sobrevivieron. Porque aún con la bendición de tener a sus hijos en casa, saben
que la inocencia de sus hijos ha sido arrancada demasiado pronto".
Las declaraciones de Obama fueron similares a las que pronunció emotivamente
desde la Casa Blanca el viernes por la tarde. Obama hizo una pausa y
aparentemente se secó una lágrima durante su discurso el viernes pocas horas
después del tiroteo.
El presidente reiteró su llamado de que, "sin considerar la política", es
tiempo de que el país se una y "tome medidas significativas para evitar más
tragedias como ésta". Sin embargo, ni él ni alguno de sus asistentes han
señalado qué medidas implicaría.
Obama ha apoyado que se restituya una prohibición de fusiles de asalto tipo
militar pero no ha presionado para que el Congreso apruebe tal legislación.
Sin embargo, activistas a favor de un control más estricto sobre las armas de
fuego renovaron de inmediato sus exigencias por nuevas leyes. El más prominente
de ellos fue el alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg, que
declaró enfáticamente en un comunicado que "hacer un exhorto por 'medidas
significativas' no es suficiente.
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